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Ana López-Martín: “Mi esperanza es que en el futuro podamos tener entrenadores oncológicos en los hospitales”

La jefa de sección de oncología médica del Hospital Severo Ochoa, ponente en el II Simposio de Ejercicio y Cáncer, cree que el principal reto de los pacientes es “perder el miedo” a ejercitarse
Ana López-Martín: “Mi esperanza es que en el futuro podamos tener entrenadores oncológicos en los hospitales”
Ana López-Martín, jefa de la sección de oncología médica del Hospital Universitario Severo Ochoa.

Implicar a los pacientes de cáncer para que comiencen a hacer ejercicio es “más fácil de lo que parece”, asegura a Educa-News Ana López-Martín, jefa de la sección de oncología médica del Hospital Universitario Severo Ochoa de Madrid. Se trata, asegura, de que su médico les ayude a dar “el primer paso”. López-Marín será una de las ponentes del II Simposio de Ejercicio y Cáncer que se celebra el 12 de noviembre de la mano de Bristol Myers Squibb y Educa-Med.

PREGUNTA.— ¿Qué piensa de esta iniciativa? ¿Cree que puede solventar la falta de información que sigue existiendo entre pacientes y profesionales sobre los beneficios del ejercicio para pacientes de cáncer?

RESPUESTA.— Es una cuestión que no se suele tratar mucho en las consultas normales. Creo que existe un déficit de información: no es sólo falta de comunicación entre el paciente y el oncólogo —porque estamos hablando de cáncer—, sino también falta de información entre los oncólogos sobre lo beneficioso que puede resultar el ejercicio para los pacientes. Es verdad que tradicionalmente no se ha promocionado mucho el ejercicio, como mucho un poco de actividad física, pero quizás podemos ir más allá. Necesitamos que los beneficios del ejercicio se transmitan y los conozcan tanto el paciente y sus familiares —que muchas veces no entienden que el paciente tenga que realizar estas actividades— como los propios cuidadores médicos y otros especialistas que también participan en su cuidado. A ese respecto, iniciativas como este simposio me parecen muy positivas, claro.

P.— ¿Qué opinión le merece la selección de ponentes?

R.— Uno de los aspectos en los que voy a insistir en mi presentación es el hecho de que el ejercicio no va separado del tratamiento oncológico: debe estar prescrito por el oncólogo y ha de existir comunicación entre el oncólogo y la persona que va a actuar de entrenador. En algunas patologías, como en mi caso, que es la de pulmón, también pueden tener un papel en la rehabilitación especialistas de fisioterapia o neumología, por lo que la multidisciplinariedad es obligatoria y necesaria. No solo es que esté muy bien que conozcamos la opinión de todos, sino que luego, en el día a día, es imprescindible que estos profesionales de distintas especialidades se comuniquen. Por ejemplo, yo tengo que contactar con el entrenador para comentarle las particularidades de los pacientes, porque el ejercicio que realicen necesita de una valoración continua. No se trata sólo de que nos conozcamos en el Congreso, sino que deberíamos tener en nuestros hospitales y centros de trabajo este equipo también montado para el día a día. Me he fijado en que el Simposio incluye especialistas de las distintas patologías, porque esto es algo que afecta a todas. Y es que tradicionalmente se ha asociado mucho al cáncer de mama, pero va mucho más allá: por supuesto, toca al cáncer de pulmón, que es lo que yo me dedico, pero he visto que también habéis puesto, por ejemplo, tumores infantiles y personas dedicadas a cáncer genitourinario. Estamos hablando del global de pacientes oncológicos y eso es muy importante.

P.— En su ponencia, hablará en concreto del cáncer de pulmón. ¿Qué retos tienen estos pacientes y cómo deben afrontar el ejercicio para obtener los mayores beneficios?

R.— Creo que el reto principal que tienen estos pacientes es perder el miedo a hacer ejercicio intenso. Suele haber mucho miedo, tanto por parte de los pacientes como de los cuidadores e incluso, a veces, de sus médicos también, que no insisten en ello. Lo primero, por tanto, es que sepan que lo pueden hacer aunque les parezca que no, pero también es cierto —como insistiré en la ponencia— que se trata de pacientes particulares. No son gente que tenga sólo un cáncer de pulmón, lo cual presupone ciertas dificultades respiratorias, sino que suelen ser pacientes con enfermedad avanzada que van a soportar tratamientos tóxicos y agresivos. Además, asociado al hábito de fumar, que es el principal factor de riesgo de este tumor, van a tener otras enfermedades como patologías cardiovasculares o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Son pacientes que generalmente están desacondicionados cuando los vemos en la consulta y no han hecho ejercicio previamente. Tienen todo por hacer cuando empezamos a entrenar y esto es un hándicap para ellos, claro. Pero, por otra parte, son también los que más pueden mejorar, porque un poco de acción ya va a aportarles probablemente bastante. Hay pros y contras.

P.— Desde su experiencia, ¿cuáles diría que son los principales beneficios de un régimen de ejercicio para los pacientes oncológicos?

R.— Esto es algo que he observado y que también comentaré porque tenemos un grupo en tratamiento aquí en el hospital, gracias a un proyecto para que el encontramos financiación. Aparte de que los pacientes puedan mejorar su tolerancia y su condición física, voy a destacar mucho los beneficios psicológicos. Porque el ejercicio mejora mucho su autoestima y su capacidad de independencia. Ven que pueden hacer cosas, que no son simplemente pacientes cuya vida está centrada en la enfermedad, y pueden salir, ejercitarse como cualquier otra persona, y beneficiarse del contacto con otros pacientes como ellos. Eso también es muy importante a nivel anímico, para su estado de ánimo y su autoestima, y lo hemos comprobado muy fácilmente. A veces, sin embargo, no ves en el paciente individual los beneficios físicos en cuanto a supervivencia que están descritos. Para eso son necesarios estudios más protocolizados que evalúen poblaciones, en los que ya se puedan constatar otros beneficios respecto a la propia enfermedad, tolerancia o tratamientos.

P.— ¿Resulta difícil implicar a los pacientes para que conviertan el ejercicio en un hábito?

R.— Creo que es más fácil de lo que parece, al menos en nuestra experiencia. A veces, incluso llegan a modificar las citas para no faltar al ejercicio. Con los pacientes de cáncer de pulmón que hemos visto aquí, que tenían tratamientos de enfermedad avanzada, nadie se ha retirado por disgusto o porque alguno puntualmente haya tenido que faltar al encontrarse mal. Al contrario, ahora que el grupo está parado por distintos motivos, están reclamando que se inicie de nuevo. Los pacientes de cáncer están bastante en contacto con su oncólogo y se fían mucho de su criterio. No se trata de ‘implicar’ al paciente, sino de conseguir que dé ese primer paso que quizá no se habían ni planteado. Y cuando lo hacen se convierte en una rutina agradable para ellos y entonces no fallan.

P.— ¿Piensa que faltan programas que incentiven el ejercicio en los hospitales?

R.— El problema fundamental es que no existen programas en los hospitales y los tienes que conseguir a través de una beca, un proyecto, etc. Pero igual que tenemos psicólogo, nutricionista, oncólogo, neumólogo, pues quizá estos podrían ser también programas institucionalizados. O sea, que no dependan de que el equipo oncológico busque una alternativa un poco periférica, sino que sino que fueran un tratamiento estándar. Esto no está financiado por el sistema público y tienes que buscar alternativas con subvenciones a través de proyectos o iniciativas privadas que también existen. Pero quizá lo ideal sería que formara parte del sistema porque es más barato que tratar complicaciones y más barato seguramente que un tratamiento psiquiátrico. Yo creo que compensaría, aunque todavía nos falta para esto. Sin ir más lejos, estamos escasos de fisioterapeutas, que los tenemos muy saturados, y nos faltan tratamientos para esto. Pero mi esperanza es que en el futuro podamos tener incluso entrenadores en los hospitales, que sería lo ideal.

P.— Este simposio se podrá seguir online de forma gratuita. ¿Cree que el medio digital puede ser el futuro para la formación continua de los profesionales sanitarios?

R.— Es algo que hemos incorporado en la pandemia y lo hemos mantenido. No creo que vaya a convertirse en la única vía, aunque sí que pienso que una gran parte de la formación va a ser online, porque esto te permite hacerla con una comodidad y con un ahorro de tiempo que no tienes al asistir en persona a sesiones. Me parece bien que sea mixto porque, si tengo cuatro o cinco cosas que hacer a lo largo del año, puedo elegir ir a dos presenciales y las otras verlas online. Lo que no me acaba de convencer del todo de la formación exclusivamente online es que hay poca interactividad entre los ponentes y los asistentes. Se pierde un poco el contacto directo pero, por otra parte, se gana en accesibilidad, en tiempo y disponibilidad.

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