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Mario Redondo: “Son muy pocos los oncólogos que recomiendan la actividad física como parte del tratamiento del cáncer”

El especialista en ejercicio oncológico, uno de los ponentes del II Simposio de Ejercicio y Cáncer, cree que la sanidad pública debería hacer más para promocionar la actividad física entre los pacientes
Mario Redondo, especialista en ejercicio físico oncológico.
Mario Redondo, especialista en ejercicio físico oncológico.

Una experiencia personal con una paciente de cáncer convenció a Mario Redondo de que la actividad física debería ser una parte importante en el tratamiento de estos enfermos. Tras años de dedicación, el próximo 12 de noviembre este especialista en ejercicio oncológico y licenciado en ciencias de la actividad física y el deporte será uno de los ponentes en el II Simposio de Ejercicio y Cáncer que organiza Educa-Med en colaboración con Bristol Myers Squibb en la sede de la Universidad Europea en Alcobendas.

PREGUNTA.—  ¿Qué piensa de esta iniciativa de Educa-Med? ¿Cree que puede ser útil para profesionales y pacientes?

RESPUESTA.— Sí, yo estuve en el último que se hizo, al que acudieron tanto profesionales como pacientes, y creo que es un espacio en el que representantes de los sectores de ciencias del ejercicio y la salud intercambian ideas de una manera enriquecedora. Es interesante incluso ya no tanto por lo que se expone, sino por el debate que se genera.

P.— ¿Considera que la selección de los ponentes está equilibrada?

R.— Al final somos todos personas que estamos trabajando en este campo, en investigación, intervención y clínica. Esa es la manera de enriquecer las discusiones y extraer conclusiones.

P.— ¿Cuándo decide dedicarse a trabajar con pacientes oncológicos?

R.— En cierta ocasión, en 2014, fui a tratar una osteosíntesis de cadera, porque soy fisioterapeuta, y lo que encontré no fue una cadera normal con un problema traumatológico. Esa persona había sufrido un cáncer con metástasis ósea y, a raíz de esa situación, tuve que emplearme a fondo, estudiando y leyendo para poder trabajar con ese paciente. Como esta intervención me gustó bastante y había mucho que hacer con ellos, porque realmente apenas existían recursos a su disposición, desde entonces me dediqué a ello más de lleno.

P.— Ya han pasado casi nueve años desde entonces. ¿Cree que aún falta información entre los profesionales de la salud y entre los propios entrenadores sobre los beneficios del ejercicio en pacientes oncológicos?

R.— La información existe, el problema es que la gente no va a recabarla o estudiarla. Hace falta que los profesionales se formen en este ámbito. De hecho, nosotros practicamos la docencia y hemos visto que cada vez hay más gente interesada por el simple hecho de que cada vez se dan más diagnósticos, sobre todo en personas jóvenes. Es verdad que los profesionales tenemos que ponernos las pilas y empezar a investigar para dar un mejor servicio a los pacientes.

P.— ¿Qué recursos tiene ahora mismo un entrenador que quiera formarse para trabajar con pacientes oncológicos?

R.— Opciones, muy pocas. En lo que se refiere a títulos oficiales, a no ser que se realice un doctorado, no existen másteres como tal en oncología. Hay cursos de experto, como el que tenemos nosotros de la Universidad Autónoma de Madrid, pero ningún curso oficial con una certificación que te acredite para trabajar con este perfil de población. Así que la formación es casi más autodidacta a base de pequeños cursos que dan información sobre el tema. Nosotros tenemos uno, cuya edición más reciente se llenó. Cada vez hay más necesidad porque, como decía, también hay más pacientes y supervivientes.

P.— ¿Si la sanidad pública diera cabida a más programas de este tipo se aceleraría su adopción?

R.— Ya existen algunos programas, como el del Hospital Infanta Sofía de Madrid, y hay unidades con un fin más de investigación que de intervención. Pero simplemente con que desde la sanidad pública se promocionase que la actividad física es importante para estos pacientes sería suficiente. Hace poco he visto a una paciente de cáncer de páncreas y ella misma me decía que era una pena que ni su endocrina, ni su cirujana, ni su oncólogo le hayan comentado la importancia que podía tener el ejercicio, teniendo en cuenta la cantidad de masa muscular que había perdido y los meses que llevaba de tratamiento. Debería ser algo casi ‘obligatorio’: al igual que te recetan ibuprofeno si tienes dolor o te dicen que con 38 de fiebre vayas a urgencias, también te deberían instar a mantenerte activo y hacer ejercicio.

P.— ¿Cómo se decide el régimen de ejercicio? ¿Qué factores se tienen en cuenta?

R.— Sobre todo los efectos secundarios que tenga, relacionados con los tratamientos y con la propia enfermedad, y —lo más importante— la capacidad funcional que tenga cada persona. Lo que puede y no puede hacer determina cómo va a entrenar. Por ejemplo, la paciente de cáncer de páncreas que mencionaba antes no sufre muchos efectos adversos. Ha perdido casi once kilos y tiene un aspecto frágil, pero a la hora de valorarla físicamente es una mujer que tiene buen equilibrio, fuerza y potencia y puede entrenar perfectamente sin riesgo.

P.— ¿Cómo se supervisa al paciente? ¿Existen vías de comunicación con los oncólogos?

R.— Es complicado. En mi caso, una gran mayoría de los pacientes me llegan a través de las redes sociales, no derivados por un oncólogo. Sólo a muy pocos les recomiendan el ejercicio o nuestros servicios. Falta un vínculo entre los médicos y los profesionales de la fisioterapia y del ejercicio para brindar estos servicios. Existe una falta de comunicación importante.

P.— ¿Qué se podría hacer para solventar esa brecha?

R.— Simposios como este de Educa-Med que reúnan a los diferentes profesionales me parecen fundamentales. A finales de septiembre estuve invitado en un encuentro del Grupo Español de Tumores Neuroendocrinos (GETNE) para hablar de ejercicio y fue una experiencia muy agradable. En una mesa en la que coincidieron especialistas en anatomía patológica, radiodiagnóstico, intervencionistas, oncólogos, etc. resultaba reconfortante escuchar hablar de ejercicio, para que comprendan que también es parte del tratamiento.

P.— Entonces, una vez que llegan a usted, los pacientes ya están decididos a introducir el ejercicio en su tratamiento.

R.— Generalmente es gente que ve tus contenidos en redes sociales, te escucha en un podcast o te ve en televisión y se convencen. Una vez que hablan contigo la mayoría dice que sí porque ya le has generado confianza y sabe lo que vas a hacer. Y el nivel de adherencia a los programas es alto también.

P.— Este simposio podrá seguirse online de manera gratuita. ¿Cree que los eventos y los cursos en el medio digital suponen una ‘revolución’ para la formación continua de los profesionales?

R.— Sí porque a cuanta más gente llegue, más posibilidades existen de que otros profesionales lo verán como algo en lo que se pueden formar o aportar. Hay mucho que hacer porque cada vez hay más pacientes. De hecho, un reciente artículo publicado en ‘Nature’ hacía una llamada a la acción para atajar el crecimiento desmesurado de ciertos tipos de cáncer, sobre todo en menores de cincuenta años, y se preguntaba si estábamos ante otra pandemia global.

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