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Alberto García Bataller: “Hemos tenido muy poco en cuenta la diferente forma en que mujeres y hombres aprovechan el ejercicio”

El que fuera entrenador del equipo olímpico femenino de triatlón es uno de los ponentes en el simposio ‘Mujer & Cáncer: En la línea de salida”
Alberto García Bataller, profesor titular del INEF de Madrid.

ÁNGEL SALGUERO

Alberto García Bataller sabe lo que es trabajar con el deporte femenino de elite —en 2004 y 2008 fue entrenador del equipo de triatlón— y ha aplicado su gran experiencia en su labor como profesor titular del INEF de Madrid y también en múltiples cursos, charlas y conferencias. Este 15 de marzo será uno de los ponentes en el simposio ‘Mujer & Cáncer: En la línea de salida’ que impulsa Educa-Med.

PREGUNTA.— ¿Cree que un simposio con un enfoque tan multidisciplinar puede llegar no sólo a profesionales sino también a las propias pacientes?

RESPUESTA.— Pienso no sólo que es imprescindible, sino que creo también que mucho hemos tardado en llegar a este momento desde el punto de vista profesional, médico y científico. Este es un foro en el que se va a afrontar el cáncer desde diversos puntos de vista, incluido el de quienes lo padecen y creo que puede ser un punto de referencia donde obtener información valiosa que tranquilice a las pacientes. Así verán que se están haciendo cosas y, sobre todo, recibirán información real. No lo que podemos ver ahora mismo en redes sociales, sino información verídica. Es un simposio fundamental, sobre todo por el hecho de ser tan multidisciplinar y favorecer que entre todos podamos colaborar y ayudarnos.

P.— ¿Existen canales de comunicación efectivos entre la parte médica y los entrenadores?

R.— Cada vez hemos ido progresando más. Ellos se han dado cuenta de la importancia del ejercicio físico y de que hay unos profesionales —que somos nosotros— que lo controlamos. Y nosotros, los especialistas del ejercicio físico, también hemos comprendido que no lo sabemos todo, que hay cosas para las que tenemos que apoyarnos en otros profesionales. Yo creo que está surgiendo una buena colaboración entre los dos ámbitos y estamos en el camino para que de aquí a unos años esto no sea ni una excepción ni nada novedoso. Estoy convencido de que será la norma.

P.— ¿Cree que los oncólogos necesitan más formación sobre el ejercicio y todo lo que puede suponer para las pacientes?

R.— Pienso que falta formación por ambas partes. Por lo que respecta a los oncólogos, deberían conocer las todas las características que tiene el ejercicio físico, cómo se pueden plantear tareas, cómo dosificarlo, su progresión, etc. Por nuestra parte, necesitaríamos conocer la especificidad de cada cáncer, porque hay muchos tipos y afectan de diferentes maneras a las pacientes. También hay diferentes etapas, antes, durante y después del tratamiento con la quimio y la radio. Por tanto, el que seamos capaces de sentarnos para aprender los unos de los otros y ver cómo favorecer al paciente es fundamental. En eso estamos y tengo esperanzas de que salga adelante.

P.— ¿Cuáles son los beneficios que pueden obtener las pacientes de cáncer del ejercicio?

R.— Les ayuda a tener menos sintomatología en toda la etapa de quimio y radioterapia, si es que la tienen que pasar. Pero sabemos también que el ejercicio previene muchos tipos de tumores, por lo que habría que empezar con el ejercicio antes de que se diagnostique la enfermedad, siendo consciente de que estas previniendo muchas dolencias. Ya durante el proceso, hay tareas que contribuyen a eliminar síntomas. Ahora mismo dentro del alto rendimiento —que es a lo que me he dedicado toda la vida— está muy en auge la investigación sobre las altas concentraciones de ácido láctico que se producen al realizar un ejercicio de alta intensidad. Sabemos que esas concentraciones atacan las células tumorales, lo que nos brinda una nueva filosofía de entrenamiento con enfermos de cáncer. Creo que estamos en un camino en el cual la investigación cada día nos descubre nuevas posibilidades que van a beneficiar a las pacientes antes, durante y después de la enfermedad y los tratamientos.

P.— ¿Qué intensidad de ejercicio sería la adecuada en el caso de las pacientes oncológicas?

R.— Evidentemente, un atleta de élite —por su capacidad de sufrimiento, recuperación y entrenamiento— puede llevar su organismo unos niveles de intensidad muy altos. En alguien que nunca ha hecho ejercicio físico, o que lo ha hecho por salud y que además ahora está enferma, la intensidad debe ajustarse a su estado físico pero tiene que ser alta. Tenemos la idea de que al estar enferma lo más que podrá hacer es dar un paseo, pero no es así. Deberá ser un entrenamiento de intensidad alta, pero dentro de sus capacidades.

P.— ¿Existen diferencias en la forma en la que las mujeres y los hombres aprovechan el ejercicio?

R.— Sí, aunque hasta ahora lo hemos tenido muy poco en cuenta. Acabo de leer precisamente un artículo que explicaba cómo el ejercicio físico en mujeres mayores de 40 años tiene más beneficios que en hombres mayores de 40 años, por todo su proceso de menopausia, osteoporosis, etc. Solía creerse que la mujer debía hacer menos ejercicio que los hombres. Y sin embargo, ahora sabemos que tiene que ser más, con una intensidad más alta, y que el entrenamiento de fuerza, levantando pesas, es fundamental para prevenir la osteoporosis en las mujeres. Todo eso poco a poco lo vamos conociendo. Ahora hay que convencerlas a ellas y aplicarlo.

P.— ¿Deben entrenar de forma diferente las mujeres y los hombres?

R.— Por supuesto. Pero ocurre lo mismo, que hasta ahora no lo hemos hecho. Yo vengo del mundo del alto rendimiento, y rara vez ves a un entrenador aplicar un entrenamiento diferente para ellas que para ellos. Con suerte hacen lo de ellos. Ahora hay que intentar que hagan lo que les corresponde a ellas, porque de la misma manera que un velocista no puede entrenar igual que un fondista, una mujer no puede entrenar igual que un hombre.

P.— Usted va a hablar del ejercicio durante la menopausia. A grandes rasgos, ¿cuáles serían sus particularidades?

R.—  Aquellas mujeres que hacen ejercicio físico a partir de los 40 años pueden ver muy reducidos todos los síntomas de la perimenopausia, como los sofocos y el insomnio. Y lo más importante: la osteoporosis, que se previene con ejercicio de fuerza porque hace aumentar la densidad mineral ósea de tanto de cuello de fémur como de zona lumbar, y luego todo lo referente a accidentes cardiovasculares. Y es que las mujeres a partir de los 60 años tienen más problemas de mortalidad por accidente cardiovascular que los hombres por múltiples razones, porque el estrógeno deja de protegerlas.

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