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Ana Ruiz Casado: “Cada vez hay más programas de ejercicio aunque la mayoría de pacientes de cáncer no se incorporan a ellos”

Para la oncóloga médica del Hospital Puerta de Hierro, iniciativas como el próximo simposio de Ejercicio y Cáncer de Educa-Med “presentan una información muy necesaria”
Ana Ruiz Casado, oncóloga médica en el Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda.

ÁNGEL SALGUERO

Ana Ruiz Casado es oncóloga médica en el Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, donde ha desarrollado una importante labor en la integración del ejercicio físico como herramienta fundamental en la educación y tratamiento de soporte de personas con cáncer. De ello habló en el II Simposio de Ejercicio y Cáncer + Alimentación de Educa-Med, un encuentro que reunió a los principales expertos en la materia. En esta entrevista subraya la importancia de ‘convencer’ a los pacientes sobre los beneficios del ejercicio como una forma de que médicos y oncólogos también acaben involucrándose.

PREGUNTA.— En su experiencia, ¿cuáles son las principales ventajas —físicas y también anímicas— que tiene la práctica del deporte para los enfermos de cáncer?

RESPUESTA.— A todos los que nos dedicamos al cuidado de pacientes, lo que nos importa es la obtención de objetivos de una manera muy práctica. Es decir, todas aquellas cosas que le permiten al paciente vivir mejor. Lo que conseguimos con la práctica del ejercicio es una mayor funcionalidad y una calidad de vida superior. Por supuesto, eso se logra a través de la mejora de la condición cardiorrespiratoria y de la fuerza muscular. Pero podría decirse que más importante que esos objetivos medibles y evaluables, que son los que habitualmente miramos, sería que propiciemos que el paciente pueda volver a su vida normal después del tratamiento, por ejemplo, por una mejor funcionalidad y también porque ha sido capaz de manejar todo ese componente emocional asociado al cáncer y a su tratamiento.

P.— ¿En qué momento se convence usted de que el ejercicio puede ser una herramienta útil para los pacientes?

R.— En mi caso, fue aproximadamente en torno al año 2006. Ya había leído algo al respecto, pero es entonces cuando me hago muy consciente de que se están realizando investigaciones serias en este sentido. Lo que más me llamaba la atención era que algo que intuitivamente para mí era muy evidente, otros colegas profesionales no debían verlo tan claro porque lo que recomendaban iba en sentido contrario. Y eso me hizo quizá ser especialmente más sensible y preocuparme más y motivarme más. En todo este tiempo la sensibilización por parte de la comunidad oncológica se ha incrementado muchísimo. Ahora mismo existen gran cantidad de guías y creo que ya ha calado entre los clínicos el mensaje de que el ejercicio es una herramienta necesaria para mejorar no sólo la calidad de vida, sino también la evolución del cáncer de nuestros pacientes. Hay mucha evidencia que soporta el hecho de que las personas que hacen ejercicio después del diagnóstico de cáncer viven más tiempo. No sólo viven mejor, sino que viven más y tienen menos recidivas. Y eso está demostrado de una forma no definitiva, pero sí bastante consistente con los cánceres más prevalentes como son el de mama, el colorrectal y el de próstata. En ese sentido, yo creo que en la comunidad científica existe ahora en general un conocimiento mucho mejor de lo que era. En cuanto a cómo se implanta, ahí sí que hay un salto más grande entre la evidencia científica y lo que se lleva a cabo. Una cosa es que seamos conscientes de sus beneficios y otra cosa es que realmente a los pacientes se les esté insistiendo sobre este tema de una forma rigurosa. Y yo creo que eso no se está haciendo. Aunque cada vez existen más programas, es verdad que aún son pocos todavía, y la mayor parte de los pacientes no se incorporan a ellos.

P.— ¿Cómo valora el Simposio de Ejercicio y Cáncer de 2022 en el que Educa-Med reunió a los principales especialistas y qué espera de la próxima edición?

R.— Toda información y difusión son muy beneficiosas. El problema en general de este tipo de simposios es que acude el que tiene interés, y el que tiene interés a lo mejor no es quien necesita esa difusión. Cuando hablo de difusión no me refiero a un conocimiento preciso, claro. Creo que el simposio tiene una calidad muy alta y presenta una información que es muy necesario trasladar. Pero al final el que asiste es el que tiene ya esa motivación, y donde tenemos el problema es en la gente a la que no le llega. Entonces sí que creo que es muy importante llegar a los pacientes porque al final, si el paciente lo pide, eso sí va a generar una rueda de necesidad en la que nos vamos a tener que involucrar.

P.— ¿Queda entonces mucho camino por recorrer para concienciar a médicos y oncólogos?

R.— Es algo que está estudiado, y de hecho hay artículos en los que se ve que, con respecto al tema de cáncer y la actividad física, el nivel de conocimiento entre los profesionales de ejercicio es más alto que entre los oncólogos. Lo que sucede es que al final el oncólogo es el responsable. Así que, por supuesto, a los oncólogos nos queda terreno por recorrer.

P.— Otro aspecto importante es la preparación del paciente antes de un procedimiento, la prehabilitación. Usted participa en un programa con pacientes de cáncer de páncreas en el Hospital Puerta de Hierro. ¿Qué trabajo realizan con ellos y qué conclusiones ha obtenido?

R.— Sigue en marcha, con lo cual no se pueden establecer conclusiones definitivas. Ya teníamos experiencia porque hace unos años, cuando casi ni se llamaba prehabilitación, pusimos en marcha un programa para cáncer de recto. Lo primero que hay que saber es que son programas difíciles, no resultan ni tan rápidos ni tan intuitivos como parece. Además se trata de pacientes que se encuentran en un momento tremendamente difícil y, en concreto, los de cáncer de páncreas muchísimo más, ya que se enfrentan a un diagnóstico y a una catástrofe emocional en sus vidas. Nosotros planteamos el programa de prehabilitación en el contexto de la neoadyuvancia, y además de decirles que deben empezar un tratamiento con quimioterapia, les proponemos convertir ese periodo en una preparación para una potencial cirugía futura. No siempre es fácil, pero la ventaja es que venimos de trabajar en otro programa en adyuvancia en el que ya hemos utilizado marcos teóricos para motivar a los pacientes. Por tanto somos muy conscientes de que, por una parte, necesitamos un trabajo en equipo, muy bien planeado y muy continuo, que no se quede en las palabras. Estamos en permanente contacto con la persona responsable del entrenamiento físico y con el resto de profesionales, incluyendo nutricionistas y psicólogos, e intentamos reunirnos también periódicamente con ellos, ya que no forman parte del equipo multidisciplinar del comité de tumores. Eso facilita un poco tanto el reclutamiento de los pacientes como la motivación, que es la parte más difícil: enganchar al paciente, conseguir que dé el paso y acuda a nosotros.

P.— ¿Qué tipo de estrategias aplican entonces para conseguir implicar a los pacientes?

R.— Tenemos la suerte de contar con María Romero, que acumula ya muchísima experiencia y controla muy bien todas las estrategias de motivación, y gracias a su labor conseguimos unos niveles de adherencia muy altos. Aún no tenemos muchas conclusiones, pero es cierto que estamos muy ilusionados. Se ha llegado incluso a operar ya al primer paciente con muy buenos resultados tanto de afrontamiento de la cirugía como del período posoperatorio, pocas complicaciones y muy buena respuesta tumoral. Eso no quiere decir nada porque obviamente puede ser sólo un caso aislado, pero es cierto que estamos trabajando en este programa con una tremenda ilusión y nos ayuda mucho la experiencia, el trabajo con los pacientes y lo que ellos nos transmiten. Dentro de esas estrategias motivacionales, a veces yo también voy a los entrenamientos con ellos y aprovechamos para hablar un poco, y la verdad es que lo perciben como algo que les es de gran utilidad. Reconocen que, aunque les ha costado mucho al principio, han mejorado mucho físicamente, a pesar de que lógicamente a medida que pasa el tiempo ellos llevan más tratamiento y están más cansados.

P.— ¿Cree que a medio o largo plazo se pueden generalizar más este tipo de programas?

R.— Yo creo que pueden y deben. Lo que sucede es que la única forma de que estos programas se hagan recomendables es generar evidencia, y llevarlos a cabo es complicado porque no siempre resulta fácil conseguir financiación para este tipo de investigación que es muy clínica. Nosotros tenemos una parte traslacional, pero es verdad que hacemos el programa prácticamente sin financiación externa. Cuesta mucho trabajo pero pienso que tenemos todos la obligación de generar evidencia e hipótesis. Lo que estamos haciendo es utilizar un programa de ejercicio durante el tratamiento de quimioterapia, que es algo que está recomendado. Estamos promoviendo un programa de rehabilitación nutricional con vistas a la cirugía, que también está recomendado, igual que el soporte psicológico con vistas a la cirugía. Lo que sucede es que no puedes decir es que es imprescindible o que es estándar, pero cuesta mucho decir que esto no es lo mejor. Yo creo que a cualquier profesional que le propongas la posibilidad de preparar física, psicológica y nutricionalmente a un paciente durante tres, cuatro o seis meses con vistas a la cirugía, va a decir que sí. Nuestros cirujanos están muy implicados y encantados porque, aun sin saber si va a funcionar o no, desde luego prefieren que se trabaje con el paciente a no hacerlo.

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